/ El Viajero Nocturno · Chichén Itzá

Los Gemelos del Pozo

El secreto de ADN que reescribió la historia maya de Chichén Itzá

Recreación de los Héroes Gemelos del Popol Vuh, Hunahpú e Ixbalanqué, descendiendo al inframundo Xibalbá de la mitología maya
Los Héroes Gemelos del Popol Vuh, Hunahpú e Ixbalanqué, descienden a Xibalbá — el inframundo maya — donde son sacrificados y resucitan. En 2024, un análisis de ADN sugirió que los mayas intentaron replicar ese mito en un entierro real bajo Chichén Itzá.

En 1967, una excavadora chocó por accidente contra una cisterna sellada bajo la selva de Chichén Itzá. Adentro había más de cien esqueletos pequeños. Durante 57 años, nadie supo qué hacían ahí. En junio de 2024, un equipo internacional publicó en Nature el ADN de 64 de ellos — y la respuesta resultó ser más extraña que cualquier teoría previa.

01 · 1967, Chichén Itzá

El pozo que nadie buscaba

El descubrimiento empezó como un error de obra. En 1967, durante la construcción de una pista de aterrizaje pequeña cerca de la zona arqueológica de Chichén Itzá — a apenas 400 metros del famoso Cenote Sagrado —, los trabajadores chocaron contra una cavidad subterránea. Lo que parecía un agujero más en la roca caliza resultó ser un chultún, una cisterna artificial maya tallada en piedra, sellada deliberadamente siglos atrás.

Adentro no había agua. Había huesos. Cientos de huesos de niños. Las primeras exploraciones del sitio — lideradas por el arqueólogo mexicano Víctor Segovia Pinto — documentaron restos de más de 100 individuos, todos infantiles, depositados en capas a lo largo de mucho tiempo. El chultún fue catalogado, los restos guardados en cajas en la bodega del INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia), y la pregunta quedó pendiente: ¿quiénes eran y por qué estaban ahí?


02 · Cincuenta años de hipótesis equivocadas

El mito de las doncellas vírgenes

Durante medio siglo, la interpretación dominante fue una variante del relato más conocido sobre Chichén Itzá: las doncellas sacrificadas. La idea de que los mayas arrojaban jóvenes mujeres vírgenes a los cenotes y pozos como ofrenda a los dioses se popularizó a inicios del siglo XX gracias al diplomático y explorador estadounidense Edward H. Thompson, que dragó el Cenote Sagrado entre 1904 y 1910 y sacó miles de objetos — y algunos huesos.

El relato funcionaba bien en libros de viajes y películas. El problema es que era falso. Cuando en las últimas décadas se reanalizaron los restos del Cenote Sagrado y de otros depósitos rituales mayas, los antropólogos encontraron que la mayoría eran hombres, niños y adolescentes — no doncellas. Pero la inercia del mito era enorme, y el chultún de los niños quedó muchos años bajo esa sombra interpretativa, sin pruebas firmes de nada.

Para resolverlo hacía falta algo que en 1967 todavía no existía: la capacidad de leer ADN antiguo en restos de hace más de mil años.


03 · Junio 2024, Nature

Lo que reveló el ADN

En junio de 2024, un equipo internacional liderado por el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva (Leipzig, Alemania) y la Universidad de Harvard, en colaboración con el INAH mexicano, publicó en la revista Nature el análisis genómico de 64 de los niños del chultún. El estudio se titula "Ancient genomes reveal insights into ritual life at Chichén Itzá" (DOI 10.1038/s41586-024-07509-7).

Tres hallazgos cambiaron todo lo que se creía saber.

Hallazgo 01

Los 64 eran varones

Ninguna doncella. Ningún sacrificio femenino. Los 64 individuos analizados eran niños y adolescentes varones, sin excepción. Los investigadores repitieron las pruebas varias veces antes de aceptar el resultado, porque contradecía décadas de interpretación. La narrativa popular sobre el sacrificio maya se vino abajo en una sola tabla de datos.

Hallazgo 02

Hermanos y parientes de las mismas familias

Al menos un cuarto de los niños eran parientes cercanos entre sí — hermanos biológicos, primos, sobrinos. Y un análisis isotópico complementario (a partir de oligoelementos en los huesos) mostró que compartían dietas casi idénticas: habían sido criados en los mismos hogares, comiendo lo mismo. No era una colección al azar de niños capturados, era una selección deliberada dentro de familias específicas.

Hallazgo 03 · El más impactante

Dos parejas de gemelos idénticos

Entre los 64 individuos, el ADN identificó dos parejas distintas de gemelos monocigóticos — gemelos idénticos, los que comparten el 100% del genoma. Los gemelos monocigóticos ocurren en aproximadamente el 0,4 % de los embarazos. Encontrar dos parejas dentro de una muestra de 64 individuos no se explica por azar estadístico. Significa que los gemelos fueron buscados y elegidos a propósito.

La datación por radiocarbono completó el cuadro: los depósitos no eran un único evento dramático. Eran rituales repetidos a lo largo de unos 500 años, aproximadamente entre el 600 y el 1100 d.C., el período clásico tardío y posclásico temprano de Chichén Itzá. Generación tras generación, durante medio milenio, alguien estuvo seleccionando niños relacionados — y, cuando era posible, gemelos idénticos — para depositarlos en este pozo.

La pregunta entonces dejó de ser "quiénes eran" y pasó a ser otra mucho más incómoda: ¿por qué gemelos?


04 · Mitología

El Popol Vuh, los Héroes Gemelos y Xibalbá

El relato central de la mitología maya está escrito en el Popol Vuh — el "Libro del Consejo" —, un texto sagrado de los mayas k'iche' transcrito al alfabeto latino en el siglo XVI a partir de tradiciones orales mucho más antiguas. En su pasaje más famoso, dos hermanos gemelos llamados Hunahpú e Ixbalanqué descienden al inframundo, Xibalbá, retados por los Señores de la Muerte a un juego de pelota cósmico.

Los Señores de Xibalbá los engañan, los sacrifican, los muelen y arrojan sus cenizas a un río. Pero los Héroes Gemelos resucitan, vuelven al inframundo disfrazados, vencen a los Señores de la Muerte usando sus propias trampas, y emergen finalmente como el Sol y la Luna. Es el mito de la muerte y la resurrección, del orden que vence al caos, del cosmos que se sostiene gracias al sacrificio ritual repetido.

Para los mayas, las entradas físicas a Xibalbá no eran metáforas. Eran lugares concretos en el paisaje: cuevas profundas, cenotes, chultunes. Lugares oscuros bajo la tierra donde se podía depositar una ofrenda y, simbólicamente, entregarla al inframundo.

El líder del estudio de 2024, el arqueogenetista mexicano Rodrigo Barquera, propuso entonces una interpretación que hace 50 años no podía formularse porque faltaban los datos: los mayas de Chichén Itzá estaban replicando ritualmente el mito del Popol Vuh. Cada vez que era posible, elegían gemelos — los protagonistas literales del mito — junto con sus hermanos y primos, y los depositaban en el chultún. No estaban "sacrificando víctimas al azar". Estaban recreando, en piedra y hueso, el descenso cósmico de los Héroes Gemelos a Xibalbá. Una y otra vez, durante quinientos años.


05 · ADN del presente

La herencia que sigue viva

El estudio no se quedó en los huesos antiguos. Los autores compararon el ADN de los niños del chultún con el de habitantes mayas contemporáneos de la comunidad de Tixcacaltuyub, un poblado yucateco cercano a Chichén Itzá. El resultado: continuidad genética directa. Los mayas que viven hoy en Yucatán descienden, literalmente, de la misma población que llevó a esos niños al pozo hace mil años.

Y hay un dato más, casi conmovedor. Los descendientes actuales portan variantes inmunológicas específicas — en particular del sistema HLA, asociado a la defensa contra patógenos — que les confieren protección frente a enfermedades que diezmaron a la población maya tras la llegada española, como ciertas cepas de Salmonella enterica. Es decir: el contacto colonial no extinguió a esta gente. La filtró brutalmente, y los que quedaron son los que sobrevivieron por carga genética. Esa herencia sigue circulando, en silencio, en las personas que hoy venden artesanías en la plaza frente a la pirámide de Kukulcán.


06 · Planifica tu viaje

Cómo visitar Chichén Itzá hoy

Chichén Itzá está en el estado de Yucatán, México, en plena península de Yucatán — a la misma distancia de la Riviera Maya y de la ciudad de Mérida. Es una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La forma más fácil de llegar es volar al Aeropuerto Internacional de Cancún (CUN) y, desde ahí, hacer una excursión de día completo (200 km, unas 2 horas y media de carretera). También se puede llegar desde Mérida, mucho más cerca (120 km).

La mejor época para visitar es de noviembre a marzo, cuando hace menos calor y baja la humedad. Conviene llegar muy temprano: el sitio abre a las 8:00 y, a partir de las 11:00, llega el grueso de los autobuses turísticos de Cancún. En los equinoccios de marzo y septiembre se produce el famoso fenómeno de "la serpiente de luz" en la pirámide de Kukulcán — pero también es cuando más gente hay.

Qué no perderse dentro del sitio: El Castillo (la pirámide de Kukulcán), el Juego de Pelota — el más grande de Mesoamérica, donde resuena un eco siete veces —, el Cenote Sagrado, el Templo de los Guerreros y el Observatorio (El Caracol). El chultún del estudio no es un sitio turístico; los restos están en bodegas del INAH, no exhibidos al público.


Fuentes

Fuentes consultadas

/ El Viajero Nocturno

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