El cine clandestino de las catacumbas
En septiembre de 2004, una unidad de la policía francesa hacía un ejercicio de entrenamiento subterráneo bajo el Palais de Chaillot — el edificio justo enfrente de la Torre Eiffel, en el Trocadero. A 18 metros de profundidad, en una galería que no figuraba en ningún mapa oficial, encontraron algo que no esperaba nadie: un cine completo.
No era un montaje improvisado. Tenía pantalla de proyección instalada en una pared, butacas talladas directamente en la piedra caliza, un sistema de electricidad pirateado del alumbrado público de la calle, y un proyector de cine de 35 mm en funcionamiento. Junto a la sala había una lista escrita a mano de las películas programadas para los meses siguientes — títulos de terror y film noir. Y al lado, en una caverna contigua, un restaurante: mesas, sillas, una barra, vajilla.
La policía documentó todo y se retiró para volver tres días después con más equipo. Cuando volvieron, los cables eléctricos estaban cortados, el proyector había desaparecido, y en el suelo había una nota escrita en francés: "Ne nous cherchez pas" — "No nos busquen". Nadie fue identificado nunca. La sala fue sellada por las autoridades y nunca se difundió su ubicación exacta.
El contexto: las catacumbas oficiales de París que abren al público tienen 1,7 km de recorrido. Pero debajo de la ciudad hay más de 280 km de túneles que la mayoría son galerías de cantera medievales clausuradas desde el siglo XIX. Existe una comunidad clandestina de exploradores urbanos parisinos que se llaman a sí mismos cataphiles, entran por bocas de alcantarilla y respiraderos olvidados, y mantienen su propia red de salas, fiestas y — aparentemente — cines. Que la policía nunca haya vuelto a encontrar nada similar oficialmente no significa que no exista. Significa, probablemente, que aprendieron a esconderlo mejor.
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El recorrido público — los túneles cerrados son otra historia